LA RUTA DE LA NIEVE.

24.01.2017 18:32

                

                Las nevadas comportan perjuicios y beneficios. En las recientes de los pasados días 19 y 20 de enero de este año se han impuesto los primeros, al menos en una visión más inmediata. Sin embargo, la nieve alivia la carencia de agua y en el pasado se cotizaba de manera apreciable. Muchas localidades disponían de pozos de nieve en altura, donde la conservaban con vistas a su venta a precios más o menos razonables durante la estación de los calores. En siglos como el XVII se consideró que tenía efectos medicinales y contribuía a evitar los contagios epidémicos asociados a las altas temperaturas. Su interés económico y sanitario movió a los municipios a ser titulares de pozos de nieve, cuya explotación arrendaban anualmente a particulares.

                En ocasiones, cuando la nieve no llegaba de las elevaciones cercanas, se transportaba de otros puntos, ciertamente alejados. Los estudios de Vicente Bisbal del Valle han puesto de manifiesto la existencia a comienzos del siglo XVIII de una verdadera ruta de la nieve que enlazaba Villar del Arzobispo, según la denominación que se impuso en 1795, con Játiva, que se proveía de nieve de la sierra de Andilla. Los principales jalones intermedios de tal ruta fueron Cheste, Llombay, Carcaixent y Alcira. El encargado de turno de la provisión tenía que abastecer en el mes de octubre a Játiva, concertando acuerdos con transportistas. Desde este punto de vista, la nieve también deparaba bienes a más de un labrador con ganas de rehacer su precaria hacienda.