EL GRAN TEMPORAL DE FINES DEL OTOÑO DE 1475.

05.12.2020 12:49

                “En el dicho año de 1475, viernes, a 17 de noviembre comenzó a llover; y el sábado, hasta mediodía; y el domingo y el lunes hizo buen día. Y el lunes, a 20 de noviembre, por la noche, comenzaron las espantosamente grandes aguas, que tres días y tres noches no cesó la lluvia sin medida, que parecía que los cielos estuvieran abiertos y que el mundo debiera perecer. Por ello vinieron los ríos, barrancos y torrentes gruesos, que nunca fue visto ni oído decir: puentes y azudes rotos y derribados, tierras anegadas, árboles caídos y otros males y daños que las aguas habían hecho. Y, al no dejar de cesar las grandes aguas y lluvias, las gentes no podían salir de sus casas, los víveres comenzaron a faltar, el pueblo y la gente de Valencia y de todo el reino, e incluso de otros reinos, pasaron gran estrechez. Y las aguas no cesaron de día ni de noche, que nunca fueron vistas aguas tan grandes, así también generales al reino de Aragón, Valencia, Cataluña y Castilla, y en otros reinos. Y el viernes, que fue el primer día de diciembre, el río de Valencia derrocó tres arcadas del puente del Real, muchas casas comenzaron a caer en Valencia, manaban y brotaban fuentes en las casas, que se tenían que consumir, los pozos rebosaban en las calles. Y el jueves por la noche, a 6 de diciembre, día de la Concepción de la Virgen María, hubo tan gran lluvia que fue cosa de enorme espanto y terror. Y, a la medianoche, con la gran lluvia, tronó, relampagueó, cayó piedra y tremoló, todo en una hora, que toda Valencia tembló, que parecía que debía perecer. Y en aquella hora, el relámpago hirió en el monasterio de los frailes predicadores y quitó la cubierta del caracol de la capilla del señor rey, y lanzó las piedras por toda la plaza, y en la casa de mosén Jordi entró piedra, que atronó toda la casa. Y la veleta, que se encontraba en lo alto de la cubierta, fue lanzada a la plaza de los Anzuelos.

                “Y aquella misma noche y hora, cayó la torre nueva de mosén Pere Eixarc, que tenía obrada sobre el portal, muchas casas y paredes también se cayeron en Valencia entonces. Y tantas casas fueron trastocadas que no bastaban obreros de villa para poderlas picar, que, en verdad, apenas se podía ir por Valencia por las residencias picadas. Y si en Valencia hubo mal, mucho más en los lugares de fuera, tanto de montaña como de planicie.

                “Y el sábado, a 9 de diciembre, se ordenó que se hiciera procesión a la Virgen de Gracia, y que todo el mundo ayunara, y los que lo hicieran a pan y agua ganarían cuarenta días de perdón. Se ordenó en la seo y en cada iglesia de Valencia antes de la misa se hiciera procesión en el altar de la Virgen María, con luces en las manos, y se dijo la letanía de los siete salmos solemnemente, con oraciones de serenidad. Además, se dijeron siete misas de los siete gozos de la Virgen María solemnemente. Y las lluvias duraron y no cesaron en todo el tiempo. Las gentes y los animales perecían, torres y casas cayeron. En Valencia, el palacio del arzobispo, picado; la casa del vizconde de Chelva, la de don Pellicer, la de don Montpalau, la de don Saera, la de don Perellós, la de don Jaume de Facs, la de mosén Jaume Pelegrí, la de mosén Francí Amalric, la del arcediano de Játiva, la abadía de San Bartolomé y otras muchas casas fueron picadas y caídas, en Valencia y en sus afueras, que casi las gentes y los animales perecían, que del diluvio de Noé hasta ahora no se ha leído tanto mal y daño de aguas como las de ahora.”

                Dietari del capellà d´Alfons el Magnànim. Edición de Vicent Josep Escartí, Valencia, 2001, pp. 197-199.

                Adaptación y versión al castellano de Víctor Manuel Galán Tendero.