EL MAL ESTADO DEL CAMINO ENTRE VALENCIA Y LA CORTE. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
El triunfo de la causa borbónica en la guerra de Sucesión significó el final del autogobierno del reino de Valencia. Sus instituciones, que se habían ido forjando desde el siglo XIII, fueron sustituidas por un régimen de control militar, con un capitán general al frente. Las nuevas autoridades expresaron en más de una ocasión su desconfianza hacia la fidelidad de la población valenciana, lo que no dejó de suscitar discrepancias entre los naturales del reino, y no bajaron la guardia un ápice. Sin embargo, las comunicaciones entre el interior de la Corona de Castilla y el reino de Valencia no mejoraron en la primera mitad del siglo XVIII.
Sintomáticamente, los círculos dirigentes valencianos se habían interesado por su buen estado desde época muy temprana. Los munícipes de la Valencia del siglo XV atendieron a la mejora del camino real que se adentraba hacia el interior peninsular por tierras de Requena, entonces castellana, en buena lógica, pues los vínculos comerciales eran ya tan estrechos como lucrativos.
Fue precisamente un valenciano, Tomás Manuel Ferrandis de Mesa (o Fernández de Mesa), el que abogaría por unos caminos más dignos. De familia letrada, algunos autores consideran que nació en Oliva hacia el 1710, aunque otros sitúan su nacimiento en Valencia unos pocos años más tarde. Lo cierto es que también curso Derecho, contemplando con ojos críticos la realidad de la nueva Valencia borbónica en su madurez. En 1755 publicó en la capital valenciana su Tratado legal y político de caminos públicos y posadas. Haciéndose eco del testimonio del viajero inglés Salmon, escribió estas contundentes palabras:
“Es una cosa lastimosa, ciertamente, y casi increíble, que para ir de la corte de España desde un reino tan opulento como el de Valencia no haya otro camino más directo que el llamado de las Cabrillas, probablemente porque sólo es adecuado a semejantes animales. Y si el que conduce desde una capital a la corte es así, ya no es posible imaginar el estado de los otros que tenemos.”
Cuando Tomás Manuel murió en 1772, los gobiernos de Carlos III parecían haberse tomado más en serio la mejora de los grandes caminos de las Españas, pero su iniciativa no había partido precisamente de las esferas cortesanas.